EL (FLACO) FAVOR A LA DEMOCRACIA Y LOS INDEPENDIENTES

OPINIÓN.- Cuando en 2012 se incluyó la figura de las candidaturas independientes dentro de la reforma político-electoral confeccionada dentro del Pacto por México, varios sectores de la sociedad civil buena onda que piensa que piensa vieron en ellas una ventana de oportunidad para incursionar en la políticasin necesariamente tener que militar en alguno de los desacreditados partidos políticos. 

Posteriormente, con el triunfo del primer gobernador presuntamente independiente en el emblemático estado industrial de Nuevo León en 2015, los ánimos y la imaginación se desbordaron proyectando un potencial triunfo en 2018 de algún candidato “ciudadano” a la Presidencia de la República.

Sin embargo, la efervescencia y el optimismo eclipsaron cuando se comenzó a observar que esa nueva figura estaba siendo utilizada por militantes tránsfugas de los partidos, que lejos de propiciar una auténtica competencia electoral entre opciones diferentes, en realidad lo que hacían era fragmentar el voto favoreciendo de manera indirecta, aunque no necesariamente involuntaria, a los candidatos de los partidos y sus respectivas maquinarias.

Adicionalmente, lo cierto es que, salvo casos muy particulares a nivel local, las candidaturas independientes y sus respectivas plataformas políticas no han logrado captar las simpatías de los sectores mayoritarios de la sociedad, los cuales a pesar del descrédito de los partidos y sus cuadros les siguen otorgando a éstos su apoyo en las elecciones. 

De manera que el argumento justificatorio de la nula efectividad de esa figura de representación,sustentado en la rigidez de sus reglas de funcionamiento, aunque es atinado en el señalamiento de las dificultades institucionales que enfrenta(financiamiento, acceso a los tiempos oficiales del Estado, etcétera), no es del todo válido en cuanto a la efectividad de los candidatos para identificarse con la sociedad y sus demandas; de otro modo tendríamos aspirantes independientes altamente competitivos frente a las maquinarias de los partidos

Por otra parte, en las democracias modernas (este humilde analista siempre había querido escribir una frase de este tipo para parecer un politólogo importante, de esos que salen en la tele y así) la gestión de los asuntos públicos no la desempeña únicamente el Gobierno, incluso, para poder llevar adelante sus políticas y programas necesitanegociarlos con el Congreso (o el Cabildo, en el caso de los municipios). Y aquí es donde las experiencias concretas de las candidaturas independientes han señalado que la puerca ha torcido el rabo. En otras palabras, aquí es donde se termina el sueño cívico de la victoria de los ciudadanos frente a los corruptos políticos de siempre, y comienza la pesadilla de la ingenuidad, falta de experiencia y habilidad, pero, sobre todo, de respaldo en los espacios parlamentarios. Y si alguien no lo cree, que vea el caso de Nuevo León, donde el gobernador dizque independiente no cuenta con mayoría de ningún tipo en el Congreso local y eso ha dificultado el avance de su agenda de gobierno

Pues bien, este tipo de experiencias que se han observado a nivel local en torno a las candidaturas independientes se comienza a observar a nivel federal en el actual proceso electoral. Ninguno de los aspirantes ha logrado superar el umbral del 5% de la votación y más bien han fragmentado el voto quitándoselo a los candidatos postulados por las diferentes alianzas partidistas. 

En este sentido se podría decir que ese 5% en promedio que obtienen los candidatos sin partido representa a un sector de la sociedad que rechaza totalmente a la clase política, y en cierta medida es verdad. Sin embargo, también es un 5% menos de legitimidad para los aspirantes partidistas que -en el mejor de los casos- apenas si superan un tercio de las potenciales preferencias de los ciudadanos. Eso en el contexto de una democracia en vías de consolidación con un sistema electoral de mayoría simple, como es el caso de México, es preocupante porque significa que quien sea el que gane la elección lo hará con dos tercios de la votación en su contra (si hubiera un sistema de segunda vuelta, las opciones perdedoras en la primera se realinean con la más competitiva, y eso confiere más legitimidad al proceso). 

De manera que a estas alturas de la contienda presidencial no queda claro si personajes como Armando Ríos Píter, Margarita Zavala o Jaime Rodríguez le hacen un (flaco) favor al desarrollo democrático del país, o si más bien están haciendo las funciones de peones sacrificables y/o eficaces mercaderes de apoyos electorales de último momento a las coaliciones partidistas. Porque lo cierto es que ni formando una sola candidatura independiente alcanzarían los diez puntos porcentuales de votación. 

Desde luego que habrá quien argumente que se trata de la primera experiencia de ese tipo en el país y que es necesario flexibilizar las reglas que la regulan, pero en la urgencia del presente eso ayuda muy poco a justificar el esquiroleo electoral, involuntario o deliberado, que estos personajes están desempeñadoen el escenario político nacional.

DE PASADA: Es inevitable preguntarse si la suerte de David Huerta hubiera sido la misma de no haber sido hijo de Efraín Huerta, aquél célebre integrante de la Generación de Taller de la que surgieron personajes como Octavio Paz, Carmen Toscana y un largo etcétera. Esto porque se aventó lamamadalicencia literaria de ver a un México “desbaratado y doliente”confeccionada desde su“pesimismo”político confesado previamente a la recepción del Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” 2018. Y sí. Debe ser bien difícil y traumatizante ver a México “dolerse” y desbaratarse” desde la comodidad de un mullido sofá en algún café acá bien pipirisnaiz, como esos que tanto abundan en ciertas zonas de la Ciudad de México. Que alguien le dé otro premio por su sufrimiento, por favor.

INFO/ EL CUBO

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