EL PELIGRO DE LOS REMEDIOS “PSEUDOTERAPIAS”

EL PELIGRO DE LOS REMEDIOS “PSEUDOTERAPIAS”

La lucha contra las pseudoterapias crece todos los días, las cuales se entienden como una propuesta de cura de enfermedades, sin un sustento científico. Los médicos de un hospital público en la Ciudad de México le dijeron que la solución para eliminar de raíz la miomatosis (formación de miomas o tumores benignos) era extirparle el útero. Pero Ana María Velázquez, quien a sus 33 años ya sufría las secuelas de una cirugía mal practicada que la llevó a perder la visión en el ojo derecho, estaba segura de que no quería someterse a otra operación.

Como alternativa, primero buscó la opinión de un médico particular, quien le dio un margen de cinco años para embarazarse antes de que culminara su edad reproductiva ideal. Si así lo decidía, Ana podría tener un hijo sin poner en riesgo su salud y someterse a la cirugía para extirpar la matriz hasta después del parto, fuese éste natural o por cesárea.

Luego acudió, por recomendación de una amiga suya, a una “Clínica de Recuperación Bioenergética Integral”. Aunque el médico que la atendió se ostentaba como “cirujano y partero”, descartó la cirugía y sólo le recetó dos tipos de inyecciones elaboradas con compuestos homeopáticos diluidos en agua: uno bionergético revitalizante, que le ponía en el brazo, y otro que aplicaba directo en la zona del vientre para tratar los miomas.

Poco después el médico alternativo le detectó hipertensión arterial y comenzó a administrarle otro compuesto con el que supuestamente la controlaría. A pesar de tomar estas dosis, Ana no experimentó ninguna mejoría, sino al contrario: comenzó a sufrir también sangrado vaginal abundante, así que decidió suspender el tratamiento a los tres meses de iniciado.

“Me pareció muy misterioso que nunca decía los nombres de los medicamentos, que pedía a su asistente por medio de claves secretas, como ‘B30’”, refiere Ana, quien confiesa que su suspicacia creció cuando constató las diferencias de enfoques: “El médico regular te dice desde el principio los riesgos que corres o por qué no funciona un medicamento; en cambio, el alternativo siempre lo atribuye a causas desconocidas”.

PSEUDOTERAPIAS: CURAR CON LO SIMILAR

El caso de Ana María dista de ser aislado: la homeopatía es una de las pseudoterapias que goza de mayor popularidad, no sólo por la cantidad de usuarios que tiene (diversas estimaciones hablan de al menos 500 millones de personas en el mundo), sino por la notoriedad de algunos de ellos. En esta larga lista figuran la actriz Catherine Zeta-Jones, el futbolista David Beckham, la cantante Tina Turner y varios integrantes de la familia real británica.

Las bases de esta práctica fueron establecidas por el médico alemán Samuel Hahnemann a fines del siglo XVIII a partir de la idea de que lo similar cura lo similar, de la cual deriva el nombre, procedente de las raíces griegas homoios (similar) y pathos (padecimiento). Se supone que si una sustancia en grandes dosis provoca ciertos trastornos y síntomas a una persona sana, entonces al ser administrada en dosis mínimas los hará desaparecer en un enfermo.

Es lo que los homeópatas llaman “ley de similitud”, pero existen dos más que sustentan su práctica: la “ley de infinitesimalidad”, la cual señala que entre menor sea la dosis a administrar, más eficaz será su efecto; y la “ley de individualización”, basada en la idea de que cada individuo reacciona en forma diferente y, por lo tanto, su tratamiento debe ser personalizado.

Sobre estas bases, el homeópata realiza su diagnóstico y determina qué remedios debe administrar al paciente, los cuales se obtienen a partir de extractos vegetales, sustancias animales o minerales e incluso cultivos microbianos, que por lo general son diluidos en alcohol, en agua o en azúcares como lactosa y sacarosa.

Las fases sucesivas de dilución pueden expresarse como 1/10 o 1/100, que corresponden a disolver respectivamente una gota del filtrado –obtenido por maceración o por percolación del principio activo en un mortero con alcohol (tintura madre)– en 10 o 100 gotas de disolvente. El proceso se repite una y otra vez, pero tomando una gota no de la mezcla original, sino la dilución precedente.

FALSAS ESPERANZAS. La prestigiosa revista médica The Lancet ha solicitado en más de una ocasión a los homeópatas ser honestos. (Foto: BSIP/UIG via Getty Images)

 

UNA GOTA EN EL OCÉANO

El número de repeticiones realizadas determina la “potencia” de la disolución, ya sea en decimales o centesimales hahnemannianos (DH o CH). Con este proceso se elaboran los preparados homeopáticos, ya sea en forma artesanal o en grandes volúmenes y en diferentes presentaciones: gránulos, glóbulos, comprimidos, polvos, ampolletas o gotas. Si se usan diluciones centesimales (CH), la concentración a la que queda la “tintura madre” en la segunda dilución es de una gota de la misma en 10,000 gotas de diluyente; la tercera contendría una gota de tintura en 1,000,000 de diluyente; la cuarta una gota en 100,000,000 y así sucesivamente (sólo hay que añadir dos ceros cada vez).

En la decimoquinta potencia, una de las más utilizadas por los homeópatas, sólo existiría una gota de “tintura madre” en 1 x 10 elevado a la 29 gotas de diluyente; es decir, un 10 seguido de 29 ceros si se sigue con las diluciones centesimales. El lector puede corroborar este resultado, expresado en notación exponencial (para simplificar cálculos) nada más agregando dos ceros cada vez a la cifra inicial hasta completar 14 repeticiones.

En la perspectiva homeopática, una dilución tan “potente” debería tener un alto grado de eficacia, de acuerdo con la ley de infinitesimalidad; pero al aplicar ya no digamos la visión científica, sino la simple aritmética, las cifras no cuadran: un preparado sometido a tal cantidad de diluciones sucesivas al final no conserva ni trazas de los principios activos, pues no queda una sola molécula de la sustancia original.

Como afirma Guillermo Murillo Godínez en su artículo Consideraciones sobre algunos sistemas de medicina’, “pretender que esta dosis infinitesimal pueda tener algún efecto es como dejar caer una gota de vino en el océano Pacífico, revolver bien todas sus aguas, después tomar una cucharada de esa mezcla… ¡y quedar borracho!”.

DISTINTAS TENDENCIAS

Cuando Ana María acudió a la clínica alternativa, el médico le dijo lo que quería escuchar: que no necesitaba cirugía y que podía prescindir de fármacos o tratamientos hormonales para aliviar sus molestias. Pero después, si no hubiese sospechado de los métodos usados, su tratamiento quizá se habría prolongado indefinidamente, como las diluciones homeopáticas.

Su experiencia dista de ser un caso aislado: como ella, millones de personas angustiadas por no encontrar remedio para los males que sufren ellos o sus familiares, o por no tener acceso a los servicios regulares de salud, recurren a diferentes tratamientos y medicinas alternativas en busca de una salida esperanzadora.

“Hay una combinación de razones que podrían justificar el uso de terapias alternativas”, afirma el profesor Antonio Lazcano Araujo, biólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Entre ellas enumera una gran tradición de medicina herbolaria –que en muchos países se remonta a la era prehispánica–, la incapacidad de los sistemas de salud para dar ayuda expedita a quienes los necesitan, además de la persistencia de enfermedades como cáncer o mal de Alzheimer, para los cuales aún no hay solución.

“Por supuesto, es perfectamente legítima la desesperación de quienes buscan recuperar la salud o la de su gente apelando a cualquier tipo de recurso”, reconoce Lazcano. El problema es que bajo el término de medicinas alternativas suelen agruparse en forma ilegítima todas las prácticas fuera de la medicina institucional contemporánea. “Habría que aclarar de qué estamos hablando”, dice el titular del Laboratorio de Microbiología en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

La Organización Panamericana de Salud (OPS) da cuenta de este fenómeno en nuestro continente, donde crece la cantidad de personas que recurren, de manera voluntaria o porque no tienen otra salida, a algún tipo de medicina fuera de los sistemas oficiales de salud.

Un artículo publicado por Paulo Cáceres Guido y sus colaboradores en 2015 (ver recuadro Retos en América Latina) habla de la existencia de unos 400 millones de usuarios en la región. La misma OPS reconoce que las medicinas tradicionales, así como las terapias complementarias, alternativas e integrativas (MT/TCAI), “se han convertido en elementos centrales para ampliar la prestación de servicios de salud tanto en América Latina como en muchas naciones desarrolladas”. Pero las tendencias son distintas. “Mientras en los países desarrollados el objetivo de usar terapias alternativas es la búsqueda de una mejor atención de salud, en los países en desarrollo esta exigencia tiene que ver con aspectos económicos o porque, como en el caso de la medicina indígena, es la única fuente disponible”, señala en un reporte la OPS.

DE LARGA DATA. América Latina es una región prolífica en el uso de remedios y medicinas tradicionales. Foto:Yolanda Salazar

EN EL MISMO PAQUETE

Esta corriente está tomando fuerza en América Latina no sólo gracias a las iniciativas que ha desplegado la Organización Mundial de la Salud (OMS) para reconocer los aportes de las otras medicinas, como veremos enseguida, sino también a los esfuerzos de los practicantes y defensores de terapias de dudosa o nula eficacia porque se les reconozca como opciones válidas.

Por ejemplo, representantes de la Federación Nacional de Medicina Tradicional y Complementaria han hecho pública su intención de que se modifique la Ley General de Salud en el país para dar cabida formalmente a prácticas como la acupuntura o la hidroterapia.

Por su parte, el presidente de la Federación Mexicana de la Industria de Herbolaria y Medicina Alternativa, Tradicional y Naturista, Emmanuel Zúñiga, ha expresado su malestar ante lo que denomina “acoso” por parte de las autoridades sanitarias al clasificar a los tratamientos y artículos asociados con ellas como productos “milagro” y pedirles pruebas de eficacia como lo hace con los laboratorios farmacéuticos.

En apoyo de su argumento, Emmanuel Zúñiga invoca la estrategia sobre medicina tradicional 2014-2023 que la Organización Mundial de la Salud ha difundido y apoyado con miras a ampliar la cartera de opciones para el cuidado de la salud.

Sin embargo, es erróneo englobar bajo una misma etiqueta el extenso espectro de las MT/TCAI, que va desde medicinas tradicionales e indígenas con un sólido corpus de conocimientos ancestrales arraigados en sus comunidades de origen, hasta pseudoterapias carentes de sustento, como la homeopatía, la quiropráctica o la bioenergética.

“Estas prácticas son consideradas medicinas alternativas, pero no tienen esquemas de validación científica”, reconoce José Javier Mendoza Velásquez, coordinador de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM. Por ello, amplía el experto, antes de avalar su uso debería haber estudios donde se pruebe que sus intervenciones tienen un mayor beneficio que el efecto placebo.

“El término ‘otras medicinas’ es muy ambiguo, pues incluye tanto las prácticas tradicionales que ejercen las parteras en comunidades indígenas, entrenadas para buscar ayuda hospitalaria cuando identifican problemas que ellas no pueden resolver, como el uso de pociones de origen dudoso, que deberían estar prohibidas”, comenta por su parte Lazcano.

VISIÓN INTEGRADORA

Entre los principales objetivos de la citada estrategia sobre medicina tradicional 2014-2023 de la OMS figuran el desarrollo de una base de conocimientos sobre las MT/TCAI, así como la formulación de políticas para integrar sus servicios a los sistemas nacionales de salud.

Haciendo eco a las recomendaciones de la organización mundial, la OPS celebró una reunión en 2017 en Managua, Nicaragua, a la que acudieron representantes de 21 naciones del continente americano para promover una estrategia de salud universal en la región: Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Puerto Rico.

La OPS recomendó incorporar la discusión de la MT/TCAI a los procesos de transformación y fortalecimiento de los sistemas de salud, además de incrementar la atención institucional que se les brinda a estas prácticas y sus abordajes.

“Esto es imprescindible para lograr una atención integral centrada en las personas y comunidades, utilizando marcos interculturales e incluyentes”, expresó en el encuentro Amalia del Riego, jefa de la Unidad de Servicios de Salud y Acceso de la OPS. Y en marzo de 2018, durante el Primer Congreso Internacional de Prácticas Integrativas y Salud Pública celebrado en Río de Janeiro (Brasil), la directora de la OPS, Carissa F. Etienne, pidió a los países de la zona acelerar los esfuerzos para lograr la salud universal hacia 2030.

Para lograr esa meta, añadió la funcionaria, se requiere “prestar atención a las múltiples formas de entender el mundo, las múltiples culturas y tradiciones, incluida su medicina tradicional”. Ahí recordó que Bolivia, Ecuador y México “prometieron en sus constituciones respetar e incluir esas tradiciones en sus sistemas nacionales de salud”.

Otros países como Brasil, Chile, Cuba, Guatemala, Panamá, Perú y Nicaragua –añadió Etienne– “ya han promulgado legislaciones, políticas nacionales o desarrollaron modelos de cuidados que reconocen, protegen, promueven y claman por estudios sobre medicamentos tradicionales y otros sistemas frecuentemente referidos como medicina complementaria, alternativa y/o pseudoterapias”.

En ese congreso de 2018, el ministro brasileño de sanidad, Ricardo Magalhães Barros, también anunció que a las 29 prácticas alternativas avaladas por su Sistema Único de Salud se sumaron otras 10 que, a los ojos de la ciencia, resultan evidentemente poco serias: apiterapia (terapia con abejas), aromaterapia, cromoterapia, geoterapia, hipnoterapia, constelaciones familiares, imposición de manos, ozonoterapia, terapias florales y bioenergética.

SENTIRSE BIEN. El programa de Horticultura Terapéutica del Jardín Botánico de Mis- souri (EUA), es una actividad adicional a la práctica médica. Su meta es enriquecer la vida de los pacientes a través del contacto con la naturaleza, no curarlos per se. Christian Gooden. Vía Getty Images.

 

NO SON INOCUAS

Los esfuerzos de integración son loables en vista del noble objetivo de extender la cobertura de los sistemas de salud, pero en este proceso debe distinguirse entre la medicina o las medicinas con verdadera utilidad terapéutica de las pseudoterapias engañosas.

Como reza el popular refrán: el remedio puede ser más costoso que la enfermedad por varias razones. La primera de ellas es que recurrir a las pseudoterapias puede retrasar la aplicación de un tratamiento eficaz o una cirugía cuando esto es vital, como le sucedió al magnate de la industria informática y cofundador de la compañía Apple, Steve Jobs.

En 2003 le detectaron una rara variedad de cáncer de páncreas poco agresivo denominado carcinoma de los islotes pancreáticos, que a decir de los médicos pudo haber sido extirpado sin mayores consecuencias; sin embargo, según cuenta su biógrafo Walter Isaacson, Jobs se negó a someterse a una cirugía y en lugar de eso recurrió a las medicinas alternativas.

Jobs utilizó acupuntura, dietas vegetarianas, hierbas medicinales y otros remedios que vio en internet; incluso consultó a un vidente y recibió atención de un médico que aplicaba enemas, ayunos y otros tratamientos pseudocientíficos. Su negativa a la medicina regular lo condujo a la muerte prematura –a los 56 años– en 2011 debido a una metástasis del cáncer original.

El genio de la era digital no pudo vislumbrar que ni el uso de productos naturistas (que no especifican dosis de uso), las dietas vegetarianas ni las recomendaciones basadas en casos anecdóticos constituyen medicinas propiamente dichas, a diferencia de, por ejemplo, los sistemas tradicionales de las comunidades indígenas.

Pero las pseudoterapias también pueden afectar la salud de forma directa, como sucedió en 1992, cuando fallecieron 21 pacientes argentinos tras ingerir un jarabe homeopático elaborado a partir de propóleo, una resina que las abejas extraen de las plantas y al que se atribuyen propiedades medicinales. El problema no fue la administración de esta sustancia ampliamente recetada por los médicos naturistas, sino que para su dilución se usó etilenglicol (ingrediente primario de los anticongelantes para automóviles) en vez de alcohol (etanol). En México, refiere Guillermo Murillo, se han reportado casos de intoxicación por mercurio y estricnina, severas concentraciones de potasio en la sangre, pancreatitis (inflamación del páncreas) además de riesgo de exposición a plomo u otras sustancias tóxicas en el caso de menores de edad asociados, todos ellos, con el consumo de remedios homeopáticos.

REMEDIOS PARA TODO

Hay abundantes ejemplos de otros tratamientos o pseudoterapias que, por sus principios y práctica, pueden parecer inocuos. Tal es el caso de las terapias naturistas (o mejor dicho naturópatas) que atribuyen gran parte de las enfermedades en las sociedades actuales a factores como una mala dieta, al consumo de sustancias como hormonas o aditivos o la falta de “armonía” con la naturaleza.

Es cierto que el consumo excesivo de grasas y azúcares refinados a través de los alimentos procesados, aunado al sedentarismo y la falta de ejercicio, están detonando la aparición de trastornos como diabetes, obesidad e hipertensión, que ya figuran entre las principales causas de mortalidad.

Por esa razón, las diversas corrientes naturistas siguen teniendo gran eco. Como afirma Mario Méndez Acosta en su libro Automedicación y medicinas alternativas“¿Quién podría oponerse a seguir una dieta balanceada con muchas verduras, a respirar aire fresco, a hacer ejercicios moderados y tomar el sol sin exagerar?”.

Aunado a ello, escribe Méndez Acosta, “nadie podría asegurar que los antibióticos siempre funcionan y que toda la cirugía que se practica es en verdad indispensable”. La propia OMS ha alertado que la resistencia a los medicamentos antimicrobianos constituye una de las mayores amenazas a la salud pública, que está provocando un aumento en las infecciones por neumonía, tuberculosis, salmonelosis y gonorrea.

Pero también es cierto que el uso de antibióticos ha contribuido a elevar la esperanza de vida humana y a controlar infecciones que antes arrasaban comunidades.  No puede decirse lo mismo de las pseudoterapias, que incluso niegan la relación causal entre agentes infecciosos y enfermedades. “Tal vez el mayor riesgo que implica el naturismo actual para sus practicantes –reflexiona Méndez Acosta– resida en que, al igual que otras pseudociencias como la homeopatía o la quiropráctica, niega el efecto patógeno de los gérmenes; es decir, no acepta que los microorganismos, bacterias o virus, causen enfermedad alguna”.

Por el contrario, los pilares que sostienen a la medicina moderna –y que le han permitido mejorar su ejercicio– son la teoría microbiana, la patología celular (la idea de que la célula como unidad básica de la vida aloja a la enfermedad), la inmunología, la eficacia (ahora limitada) de los antibióticos, los principios de la anestesia, así como el empleo de herramientas de visualización, desde los rayos X hasta las tomografías.

Ninguna de las pseudoterapias se cimenta en estos puntos cardinales. Entonces, ¿por qué siguen vigentes? José Javier Mendoza explica que muchas de ellas pueden funcionar debido a procesos mentales inconscientes: cuando una persona deposita su esperanza en algo que puede ser potencialmente curativo, disminuye su nivel de estrés y esto, a su vez, genera el efecto placebo que favorece la recuperación de la enfermedad.

POR OTRO LADO, ES RELATIVAMENTE FÁCIL PROPAGAR FALSAS CREENCIAS BASADAS NO EN ANÁLISIS RIGUROSOS, SINO EN EVIDENCIAS ANECDÓTICAS. “SIEMPRE HAY ALGUIEN QUE DIRÁ QUE LE FUNCIONÓ LA HOMEOPATÍA O ALGUNA DE LAS PSEUDOTERAPIAS, Y OTRO PACIENTE QUIZÁ LO ACEPTE PORQUE NO TIENE NADA QUE PERDER”, AGREGA JOSÉ JAVIER MENDOZA.

Ante ello, su recomendación es evitar las generalizaciones y fiarse sólo de pruebas y estudios que hayan sido aplicados no a una misma persona, sino a cientos o miles dentro de diferentes grupos de población. “Si nos dicen que algún producto funciona para curar todo, lo más probable es que no sirva para nada”, advierte.

Lo mismo puede aplicarse para revisar de forma crítica todas aquellas terapias que, como la bioenergética, dicen incidir en los flujos de energía vital o corporal para modificar el estado de salud. “No hay nada que pueda funcionar así, salvo la estimulación magnética transcraneal al sistema nervioso central. La comunicación de energía a través de otras vías no tiene ninguna validez científica”, precisa el investigador universitario.

En Tailandia gran parte de la población prefiere los remedios tradicionales (pócimas hechas a partir de ingredientes como escorpión, caballitos de mar o cuerno de rinoceronte) en detrimento de la medicina convencional. Foto: Gaspar RuÌz-Canela

 

¿ PSEUDOTERAPIAS, MAGIA A PRUEBA?

Si descontamos el efecto placebo, las medicinas alternativas no parecen ser una opción ni más eficaz, más segura ni más económica que la medicina regular, lo cual echa por tierra otro de los argumentos de sus defensores, que a menudo subrayan los altos costos de los medicamentos o los efectos secundarios de los tratamientos convencionales como motivos para alejarse de ellos.

Por estas razones, Javier Mendoza sostiene que antes de integrar a las otras medicinas a los programas de salud general –no como sustitutos, sino como complementos en los distintos eslabones del cuidado de la salud– es preciso evaluar la utilidad que tienen en sus contextos específicos, además de capacitar a quienes las practican para que puedan referir pacientes a los servicios regulares, como hacen las parteras en México.

Ahora bien: ¿tiene sentido evaluar los fundamentos de aquellos remedios y pseudoterapias cuya estafa ha sido demostrada incesantemente por numerosos estudios científicos? O en todo caso, si algunos de ellos mostraran eficacia terapéutica, ¿seguirían siendo considerados como alternativos?

En un artículo de la revista Trends in Molecular Medicine, dos expertos de las universidades de Yale y estatal de Wayne en Detroit, Michigan (Estados Unidos), consideran que hacer este tipo de preguntas carece de sentido, en tanto que equivale a “tratar de demostrar que la magia funciona”.

En un artículo titulado “Análisis clínicos de medicina integrativa: ¿probando si la magia funciona?”, David Gorsky y Steven Novella argumentan que se requiere de una medicina basada en la ciencia. Así, los tratamientos que resulten biológicamente viables podrían avanzar hacia la fase de pruebas clínicas aleatorias con humanos sólo cuando haya suficiente evidencia preclínica que justifique el tiempo, dinero y esfuerzo invertidos.

“Estudiar tratamientos altamente inviables es una mala propuesta. Es poco probable que demuestren beneficios y sus proponentes no dejarán de emplearlos aunque los resultados sean negativos. Ese tipo de investigación sólo dará legitimidad a prácticas que de otra forma serían dudosas”, apunta Novella.

Por su parte, Gorsky sostiene que se ha extendido la idea de que “para ser un médico holístico es necesario abrazar pseudoterapias como la homeopatía, el reiki, la medicina tradicional china y otras por el estilo, pero eso es una falsa dicotomía.” Si los sistemas de salud son impersonales y los pacientes son atendidos a toda prisa porque el médico tiene que atender más y más, entonces deben resolverse esos problemas, no recurrir al curanderismo”.

Javier Mendoza reconoce que muchas veces los pacientes “huyen” de los tratamientos convencionales hacia las pseudoterapias porque al médico le falta mejorar su comunicación con ellos. Por tanto, plantea alejarse un poco de la rigidez impuesta por el báculo de Esculapio y acercarse a sus necesidades para paliar el problema: “Ellos no quieren saber cuál tratamiento es más válido o estadísticamente significativo, lo que les interesa es si tendrán algún porcentaje de mejoría con lo que les estoy dando”.

La experiencia de Ana María confirma esta apreciación acerca de las pseudoterapias: ahora, cuando escucha que un médico pide a sus pacientes “tener fe” en que una terapia va a funcionar, su respuesta es categórica y definitiva: “No se trata de creer, sino de ver resultados”.

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