LA PANDEMIA QUE COBRÓ LA VIDA DE MÁS DE MIL TEHUACANEROS

LA PANDEMIA QUE COBRÓ LA VIDA DE MÁS DE MIL TEHUACANEROS

Crónica.-El cólera morbus se originó en China en 1826 y cuatro años después apareció en Moscú como epidemia; pronto se propagó a otros países europeos como Alemania y Polonia. Más tarde apareció en Irlanda, Bélgica y París y en pocos meses alcanzó a Holanda, Portugal y Suiza, convirtiéndose en pandemia. En 1833 marinos irlandeses infectados la trajeron a América, concretamente a Canadá; siguió su mortal propagación en Nueva York, llegando a nuestro país a través del puerto de Tampico.
El cólera sentó sus reales en la ciudad de México, extendiéndose por el Estado de Puebla y por desgracia a Tehuacán y su región, donde hizo su aparición a mediados de aquel 1833, afectando severamente a la población.

Los primeros contagiados se detectaron en Ajalpan, cuyos habitantes aterrados se trasladaron a esta ciudad buscando ayuda, pero se encontraron que también aquí ya existían decenas de infectados que abarrotaron el hospital de San Juan de Dios, que era el único centro asistencial que había. El doctor Juan Nepomuceno Raudón era también el único médico con que contaba la ciudad, y a pesar de su titánica labor, con desesperación veía como morían decenas de personas a causa de esta terrible enfermedad cuyos síntomas eran diarreas y vómitos masivos.

Los meses críticos fueron julio y agosto de aquel 1833, ya que solo en la ciudad se reportaron más de 750 defunciones de tehuacaneros.

La desesperación obligó al entonces presidente de Tehuacán, don Lorenzo Olmedo, a desinfectar viviendas con cal y a difundir a través de carteles métodos preventivos para combatir el cólera, además de cancelar las sesiones del cabildo y buscar ayuda con el gobierno del Estado, la cual por desgracia nunca llegó.

Ante el elevado número de muertes y el peligro de un contagio mayor, se determinó inhumar y quemar los cadáveres de las víctimas en una enorme fosa común que se abrió en un terreno ubicado en la esquina de las actuales calles 2 Norte y 4 Poniente, ya que el camposanto ubicado en San Juan de Dios y los atrios de las iglesias eran insuficientes.

El caos llegó cuando se reportaron más de 350 muertos en Tetitzintla, Acoquiaco, Teotipilco, Necoxtla, Tepetzingo, y las haciendas de San Lorenzo, El Riego, La Huerta y San Cruz, siendo Coapan el más afectado con 247 defunciones. El total de muertos superó los mil.

Durante ese periodo las calles se veían desiertas, el comercio se paralizó a tal grado que desencadenó una hambruna obligando a mucha gente a huir a otras poblaciones cercanas para conseguir alimento y sobre todo a evitar el contagio; y los que se quedaron se refugiaban en las iglesias para pedir la misericordia divina, por lo que el cura de la parroquia de la Inmaculada Concepción, don Francisco Vergara Aromir, se multiplicaba para aplicar los santos óleos y atender a cientos de fieles que deseaban confesarse.

Hoy, a 187 años de ese trágico suceso, padecemos otra pandemia de la bacteria llamada Coronavirus, la cual debemos enfrentar con responsabilidad, aprovechando al máximo los recursos que tenemos a nuestro alcance y siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Cronista de Tehuacán/Juan Manuel Gámez Andrade

Facebook Comments

A %d blogueros les gusta esto: