Lo que Tehuacán cuenta: La calle del suspiro.

Se dice que en la llamada “Casa Blanca” situada frente a donde antes se encontraban los lavaderos públicos vivieron hace muchos años un acaudalado español llamado Emilio Verea y su hermosa hija a quien cuidaba en exceso llegando al grado de mantenerla enclaustrada llegando al extremo de hacer que un clérigo carmelita acudiera hasta su misma casa a fin de que la chica cumpliera con sus devociones cristianas.
 
Éste hidalgo tenía un mozo para ayudarle a los trabajos de la casa. Para la chica, privada de salir a la calle y de todo contacto social, éste joven era el único hombre conocido aparte de su padre, y terminó enamorándose de él.
 
Cuando su padre se dió cuenta del amor de su hija por el mozo entró en cólera e ideó secretamente un macabro plan:  en una ocasión le pidió al buen mozo que le ayudara a cavar un  foso en el traspatio de su casa. El mozo accedió fielmente, pero cuando hubo terminado, inesperadamente el hidalgo lo mató a palos enterrando luego su cuerpo en el mismo foso que el desafortunado joven había cavado previamente.
 
La chica pronto supo lo que había pasado y desde aquella ocasión se le iba en llorar amargamente a toda hora del día. Sus lamentos y gemidos traspasaban las paredes hasta la calle. Por eso quienes acertaban a pasar por su casa espontáneamente empezaron a nombrarla como “La Calle del Suspiro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: