Unas ruinas romanas podrían ser el futuro de un pueblo español

DRIEBES, España — Los 339 habitantes de Driebes tienen razones para estar preocupados: el pastor del pueblo ya tiene 82 años; a la escuela, construida para dar cabida hasta a cincuenta niños, solo asisten once; en lo que va del año, seis de sus residentes ancianos han muerto y no se ha registrado un solo nacimiento.

La evolución demográfica de Driebes indica que la población se reducirá a menos de doscientos habitantes dentro de veinte años, advirtió el alcalde Pedro Rincón. Eso sucederá a menos que Driebes pueda atraer turismo o inversiones.

Por eso Rincón y su decreciente electorado se emocionaron tanto el verano pasado cuando unos arqueólogos pasaron un mes excavando afuera de Driebes, en una meseta desde donde se observa el río Tajo.

Lo que encontraron fueron los primeros restos de lo que alguna vez fue un importante asentamiento romano dedicado a la minería y la agricultura, Caraca, con todo y un foro, baños públicos y un estimado de 1800 residentes, una cantidad varias veces mayor que la población actual de Driebes.

Ahora Driebes anhela que las excavaciones de Caraca se reanuden, con la esperanza de que su pasado romano ayude a asegurar el futuro del pueblo como destino turístico.

Ese podría ser un sueño inalcanzable. Aun así, este mes el pueblo organizó una competencia en la que diecinueve artistas del grafiti cubrieron las paredes de Driebes con murales inspirados en la cultura romana.

“Me enorgullece ver que la gente de este pueblo le dé la bienvenida con tanto entusiasmo a un proyecto de excavación, particularmente porque la arqueología no solo trata de encontrar cosas antiguas, sino también de transmitir conocimiento a quienes viven aquí actualmente”, dijo David Álvarez Jiménez, un historiador que participa en el proyecto de Caraca.

Hasta la década de los cincuenta, Driebes mantuvo una población de casi 1200 habitantes, nada mal para un pueblo ubicado en una vasta zona conocida como “la Laponia española” debido a su escasa población.

Sin embargo, así como los romanos abandonaron Caraca, al parecer porque sus actividades mineras terminaron, también Driebes comenzó a vaciarse debido a su agricultura cada vez más escasa.

Los pobladores se fueron mudando de manera constante a las nuevas ciudades dormitorio y las fábricas construidas alrededor de Madrid, a solo 80 kilómetros de ahí.

El alcalde Rincón nació en Driebes en 1962, pero se fue cuando era niño porque su padre encontró trabajo en una refinería en Arganda del Rey, una ciudad de más de 50.000 habitantes a unos 48 kilómetros de Driebes.

Rincón también trabajó en la misma refinería, pero después regresó a su pueblo cuando la cerraron hace veinticuatro años. Se volvió distribuidor independiente de carne y lo eligieron como alcalde en 2010.

“Siempre sentí que cuando era bebé me habían arrancado del pueblo familiar que de verdad amo”, comentó. “He tenido la suerte de regresar y también de trabajar aquí, pero no hay duda de que tendremos que crear más empleos para salvar este pueblo y que los jóvenes sigan viviendo aquí”.

Su hija, Montserrat, de 32 años, vive en Driebes con sus padres, pero se encuentra desempleada.

Driebes no es el único lugar que enfrenta un futuro desolador, aun cuando la economía española sigue recuperándose con fuerza de su crisis bancaria de 2012. En febrero, el gobierno dijo que elaboraría un nuevo plan para combatir la pérdida poblacional en el territorio rural, particularmente en este tramo de tierra enorme y árido que en promedio tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado, con lo que se convierte en una de las zonas con menos densidad demográfica de Europa.

En total, las estadísticas nacionales de España muestran que más de la mitad de las municipalidades del país están en riesgo de desaparecer porque ya están por debajo del límite de mil habitantes.

Alrededor de Driebes, algunas poblaciones han sobrevivido gracias a la buena suerte o a proyectos especiales de inversión.

En 2016, los residentes de la población cercana de Brea de Tajo compartieron 120 millones de euros después de comprar un boleto conjunto de la lotería de Navidad de España que resultó ser ganador.

En Estremera, a unos 12 kilómetros de Driebes, la economía del pueblo aumentó hace una década gracias a la apertura de una penitenciaría, cuyos prisioneros ahora incluyen a políticos catalanes que esperan un juicio por intentar independizarse de España.

Como la mayoría de los demás pueblos, Driebes se ha mantenido vivo mediante una mezcla de subsidios regionales, nacionales y europeos.

“Si solo hablamos en términos económicos, ni nuestra escuela ni nuestro centro médico ni ningún otro lugar en este pueblo ahora es viable sin subsidios”, dijo Rincón.

El único negocio próspero involucra a la gente retirada, dijo, pues cuarenta jubilados visitan con regularidad un centro comunitario que solía dar la bienvenida a diez personas hace una década.

Fernando Bachiller Higuera, uno de los siete campesinos que permanecen en Driebes, dijo que tendría problemas para recuperar su inversión sin los subsidios que recibe de la política agrícola común de la Unión Europea para cultivar cereales en un terreno que “en realidad no es muy apto para cosechar cereales”, dijo.

“Si mis dos hijos deciden que prefieren estudiar en vez de trabajar en el campo, yo dejaré de cultivar en veinte años y esta historia agrícola llegará a su fin”, comentó.

Los fines de semana y durante las vacaciones de verano, la población de Driebes aumenta conforme los antiguos residentes regresan para disfrutar las festividades tradicionales del pueblo y tomar un descanso de la vida citadina. Aun así, una decena de casas están en ruinas, la mitad de ellas espera su demolición.

“Lo que este pueblo no tiene en cuanto a belleza física, lo compensa con su gran personalidad y la calidez de su gente”, dijo María Teresa Vadillo Sánchez, quien trabaja en una ciudad a unos 50 kilómetros, pero regresa la mayoría de los fines de semana con sus hijas a una casa familiar donde su madre ahora vive sola.

Es demasiado pronto para entender la historia romana que alguna vez dio vida a Caraca. No obstante, utilizando un dron y tecnología de georradar, los arqueólogos han hecho un mapa de la ciudad que desenterrarán cuando obtengan más financiamiento.

El verano pasado, les pagaron a quince personas para que ayudaran con la primera excavación, pero los arqueólogos advierten que es mejor no tener muchas expectativas respecto de su proyecto y la manera en que podría aportar sustentabilidad económica a Driebes.

“Es genial que los lugareños participen, pero las excavaciones suelen ser lentas y costosas”, dijo Emilio Gamo, uno de los arqueólogos de Caraca. “Así que la gente también debería tener en cuenta que las dinámicas de la arqueología no necesariamente son iguales a las de un proyecto turístico”.

INFO/ NY TIMES

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