CLAVADISTA MEXICANO; SE LANZA DE UNA ALTURA DE 27 METROS

CLAVADISTA MEXICANO; SE LANZA DE UNA ALTURA DE 27 METROS

Jonathan Paredes conoce el mundo desde las alturas. Lo mismo Madrid, Portugal, Filipinas, China, Italia y otras naciones en las que el clavadista mexicano participa en el Red Bull Cliff Diving, donde se dan cita aquellos que se atreven a lanzarse desde los 27 metros de altura. Para darnos cuenta de la dimensión, el salto es similar a brincar de un noveno piso… sin morir en el intento.

El clavadista de 29 años vive en un mundo diferente, rodeado de competidores europeos y estadunidenses, donde los vencedores se cuentan con los dedos de las manos y él puede presumir de pertenecer al top de aquellos que desafían las alturas, hacen giros en el aire y tocan la superficie en tres segundos.

Ingresé a este mundo en 2011 y tengo la fortuna de obtener bronce en Barcelona en 2013, plata en Kazán 2015 y ser campeón absoluto en 2017. Vencer al monstruo de los clavados de altura llamado Gary Hunt y demostrar que es un ser de carne y hueso como los demás”, comenta Jonathan desde Madrid, los días previos del viaje a Italia, donde ayer participó en la tercera serie de 2019.

Yo vivía en Naucalpan y desde los seis años me llevaron a nadar a la Unidad Cuauhtémoc del IMSS. Me llamaron la atención aquellos hombres y mujeres que se subían a lo más alto y se lanzaban con giros espectaculares. Un día me invitaron a realizar saltos a mayor altura y aquello se volvió adictivo.” Jonathan Paredes clavadista mexicano

Jonathan creció mirando para arriba. Él, cuando era un niño de seis años, observaba a clavadistas olímpicos como Fernando Platas, Jesús Mena y Marijose Alcalá entrenar en la fosa del IMSS en la Unidad Cuauhtémoc. “Yo vivía en Naucalpan y desde los seis años me llevaron a nadar, pero a mí me llamaron la atención aquellos hombres y mujeres que se subían a lo más alto y se lanzaban con giros espectaculares”.

A los nueve años, Jonathan se ganó un lugar desde el trampolín de tres metros. A los 15 años, el jovencito tuvo una invitación que lo sacaría de su zona de confort. “Me invitaron a hacer saltos de exhibición a más altura en La feria de Chapultepec. Me pagarían por hacerlo y se me fue haciendo adicción aquello de aumentar la altura a los saltos”.

La suerte y las oportunidades estuvieron de su lado. Fernando Platas, aquel clavadista que Jonathan observó muchas veces en la plataforma, lo invitó a participar un fin de semana en unos saltos de exhibición en el Cañón del Sumidero, en Chiapas. Después, experimentaría lanzarse desde La Quebrada, en Acapulco.

SE HIZO PROFESIONAL
Y una cosa lo llevó a otra, pues Jonathan Paredes recibió la invitación de Red Bull para competir en el mundial de saltos de altura que se celebra regularmente en países de Europa y Asia y donde los competidores son clavadistas profesionales del viejo continente, así como de Estados Unidos.

No soy el único mexicano”, confiesa Jonathan, quien nombra a Sergio Guzmán, Diego Rivero y Adriana Jiménez como los otros paisanos que viven la aventura.

Jonathan es el mexicano mejor clasificado en 2019. Ayer, en Italia, quedó en séptimo sitio y en la tabla general es el cuarto, sólo por detrás del británico Gary Hunt, el estadunidense Andy Jones y el polaco Kris Kolanus. Sergio Guzmán es el número 16.

Jonathan representa a México en el Mundial de Clavados de Altura

Explica que entrena solo, vive en Madrid y lleva nueve años como clavadista de alturas, conociendo las ciudades desde otra perspectiva. “Cuando comencé en esto, me decían el Niño, pues era pequeño a comparación de los demás. Hoy ya no lo soy tanto”.

Y a pesar de tantos años lanzándose a la altura de un noveno piso, el atleta mexicano reconoce que “no le he perdido el miedo a las alturas. El peor momento es cuando voy escalando hacia la punta donde saltaré, cada peldaño es un tormento para mí, pensando en lo peor que me puede suceder y en el vértigo. Le tengo mucho respeto a la altura y pienso en lo que puede ocurrirme si no me concentro y doy un mal salto. Afortunadamente, sólo tengo lesiones leves en la espalda baja, las rodillas y el cuello”.

Muchos clavadistas tienen rituales antes de lanzarse. El de Jonathan es asomarse desde lo alto, persignarse y contar: “tres, dos, uno…”. Se le cataloga como uno de los saltadores más estéticos del grupo, además de ser el que más sonríe durante las competencias.

Este año cuenta con siete sedes. Ya se cumplieron las de Filipinas, Irlanda e Italia. Faltan Portugal, Líbano, Bosnia y España. “Cada sede tiene diferente superficie y sus propios riesgos. Lo mismo saltamos al mar, lagos y piscinas. Aunque todos los saltos son desde los 27 metros de altura, hay algunas competencias que imponen más respeto”.

BAILARINA DE FLAMENCO
Jonathan tiene varios años viviendo en Madrid por una sencilla razón. “En un show en Alemania, conocí a una española. Se llama Noelia y es bailarina de flamenco. Nos enamoramos y decidimos quedarnos en su territorio”.

También cuenta con un amigo en los clavados. Se trata del colombiano Orlando Duque, otro de los pocos hispanoparlantes, aunque Jonathan no tiene problemas con el idioma inglés.

A veces convives más con los clavadistas que con la propia familia. Por eso, cada vez que puedo, viajo a Madrid para convivir con mi mujer”, platica el clavadista mexicano, quien pretende recuperar terreno en las cuatro etapas que le restan al campeonato (Portugal, Líbano, Bosnia y España).

Los saltos a 27 metros de altura duran tan sólo tres segundos

Comenta Jonathan los motivos por los que no se quedó en las pruebas olímpicas de trampolín y plataforma: “Se me hizo adictivo lanzarme de mayores alturas y pertenecer a un grupo que viaja de país en país para dar este tipo de espectáculos. Además, se vive de manera profesional gracias a los patrocinios”.

No descarta la idea de que “algún día, los clavados de altura sean aceptados en los juegos olímpicos. Se ha intentado incluirlos, pero por el momento no han sido suficientes los votos para entrar al olimpismo”.

Aun así, no piensa dejar esa costumbre de lanzarse al vacío, desde un noveno piso metafórico, donde el agua lo espera en un salto que sólo dura tres segundos. Dice que es mucha la adrenalina. “Arriba, tienes el mundo a tus pies. Las imágenes son espectaculares, aunque también te llenan de temor”.

Entonces vuelve a contar: “Tres, dos, uno…”.

INFO:EXCELSIOR

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