EL DÍA QUE CAYÓ EL RÉGIMEN

EL DÍA QUE CAYÓ EL RÉGIMEN

Sin lugar a dudas nos encontramos en un momento histórico. Las casillas estuvieron repletas de ciudadanos que fueron a emitir su voto. Los retrasos en las aperturas fueron muy evidentes y otras cosas peores también. Al final todo cambió. Bastó un solo día para que, de pronto, esto se sintiera diferente. El régimen cayó y su derrota fue tan indudable y estruendosa que líderes de todo el mundo, incluyendo a los dos más visibles, Trump y Putin, mandaron sendos comunicados y felicitaciones al presidente electo; de hecho el primero ya tuvo una comunicación de al menos media hora que dice mucho más de lo que muchos piensan.

Todo pareciera felicidad. Sin embargo todavía no podemos cantar victoria. Falta mucho camino por recorrer. Las anomalías en varios estados de la república fueron más que evidentes. No puede haber normalidad democrática cuando existen, por decir lo menos, extrañas formas de votar. El ejemplo más claro es Puebla. En estos momentos se vive una verdadera batalla entre los dos contendientes que, en honor a la democracia, deben resolverse en los órganos encargados del arbitrio del proceso. Esperemos que así sea.

No porque en un lugar sea muy visible, quiere decir que no haya pasado en otros lugares. Sabemos que en varios municipios y comunidades se ejerció la coacción del voto. Ese viejo vicio de la compra del voto es el mayor reto que enfrentará un gobierno que se dice distinto. Acabar con ello será muy difícil. No tanto porque sea una práctica absolutamente ilegal, antidemocrática y perniciosa, también porque han acostumbrado a los ciudadanos a ello.

Todos hemos escuchado historias de algún ciudadano o ciudadana que fue coaccionado con retirarle algún beneficio social. Incluso he escuchado historias de quienes han podido terminar su casa gracias a la compra del voto. Debido a que se reparte cemento, varilla, tabiques, tinacos, malla ciclónica, tuberías, cables y todo aquello que pueda necesitar la construcción de una casa, es como varias personas terminaron de erguir sus hogares y, con la infinita paciencia y aguante de los mexicanos, poder hacerse de un patrimonio.

No es malo. De hecho uno de los grandes mensajes del nuevo partido en el gobierno fue tomar todo lo que les dieran y que se votara en conciencia. No se puede saber qué tanto fue un voto consiente y qué tanto un voto de castigo. Lo que sí se puede saber es que la compra indiscriminada del voto y la muy gastada fórmula de que un pobre es igual a un voto ya no funciona más. Por supuesto que competir en igualdad de condiciones, para muchos políticos será la muerte. Para otros será un respiro. El problema son aquellas personas que por conveniencia o por humildad pueden terminar sin nada, ya no debe haber quien lucre con la pobreza y la marginación en pos de una candidatura. Quien compra un lugar espera recibir mucho a cambio, es un negocio.

He ahí el primer gran reto del nuevo gobierno. Para acabar con las viejas prácticas del sistema, se deben observar con lupa todos los programas sociales. Por supuesto que existe una forma de hacerlo. Si los programas sociales se convierten en universales se quitará la tentación de usarlos políticamente. Los estados deberán respetar esta nueva forma de hacer política social y comenzar a ver los cambios casi de inmediato.

Por otro lado, nos tenemos que quitar la venda de los ojos. Muchos han dicho que ha ganado la opción que, de ahora en adelante seguirá en el poder, porque se va a comenzar a regalar dinero a quien no lo merece. Que los jóvenes, por el simple hecho de serlo, recibirán dinero, como si una beca escolar significara que no hacen nada. Que los ancianos recibirán una pensión, aunque tengan una de su empleo previo, como si las pensiones en nuestro país fueran suficientes.

La estrategia para comenzar a abatir los enormes niveles de violencia que vive nuestro país deben ser las correctas. Es muy cierta aquella frase de campaña que dice: “Becarios sí, sicarios no”. Es mejor tener a las personas en las escuelas que en las calles y si para que ello suceda se deben becar a miles de jóvenes, madres solteras y personas con discapacidad, que se beque a todos, sin duda.

Es nuevo y será nueva la forma de gobernar para muchos en el país. Los cambios serán completos. Podríamos pensar que ahora si ha llegado a nosotros la revolución. Por cierto que sí se le dio la vuelta al viejo régimen y a sus prácticas. El siguiente paso es el más importante, que nazca una nueva forma de hacer política y que se compita por los votos en las casas, en las calles, en los barrios, en las colonias, en las redes (las benditas redes sociales), en los parques y en las avenidas. Ese si es el cambio que debemos esperar con ansias. Basta ya, pues, de manipular y sesgar. Basta ya de comprar y coaccionar. Basta ya de campañas de miedo. Basta ya de todo lo que huela a podrido. Grandes retos nos esperan, grandes dificultades por sortear. Primero lo primero, hemos cambiado y eso no lo cambia nadie ya.

INFO/ CUBO

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