“LA NORMA QUE REGULA EL QUESO ES AÚN MUY INMADURA EN MÉXICO”: RICARDO SHEFFIELD (PROFECO)

“LA NORMA QUE REGULA EL QUESO ES AÚN MUY INMADURA EN MÉXICO”: RICARDO SHEFFIELD (PROFECO)

 

ENTREVISTA

El hombre que ha puesto en apuros durante unos días a un puñado de grandes empresas de lácteos es un “adicto al queso”, algo que heredó de su padre. Tiene un marcado acento norteño y un chorro de voz que achaca a la misma procedencia. Ricardo Sheffield (Los Ángeles, California, 1966) tira de ironía con frecuencia y de bromas que poca gracia deben hacerles a las industrias alimentarias, pero no parece importarle mucho.

Es el responsable de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el organismo que trata de detectar los engaños del mercado e informar a la ciudadanía sobre los productos más baratos y saludables, en un país donde 40.000 personas mueren cada año de enfermedades relacionadas con la mala alimentación, como la diabetes o la hipertensión. México estrena nuevo etiquetado, muy pobre para un consumidor bien informado, pero sencillo para quienes no pudieron estudiar.

“Comer bien es una cruzada nacional importantísima, por ahí empieza la transformación”. Nunca antes en México se habían retirado productos de los supermercados de forma inmediata por no cumplir la ley. Ocurrió hace apenas una semana con el queso.

Pregunta. La mayoría de los quesos retirados ya se comercializan de nuevo porque han rectificado lo que se les exigía. ¿Era necesario hacer públicas las marcas cuando todo se ha solucionado tan pronto?

Respuesta. Algunas empresas fueron notificadas en febrero y aún no habían hecho las enmiendas en sus etiquetas. Un empresario me dijo que se le vino la pandemia y les aumentó la demanda, así que había estado ocupado en ver cómo conseguía elevar la producción y se le olvidó la notificación de Profeco. Así que se tomó la medida y qué rápido se acordó, ¿va? Y todo se ha solucionado pronto porque el procurador tomó la decisión de tener audiencias verbales inmediatamente tras la publicación, de manera tal que en esta semana regresan al mercado la mayoría de ellos. Cinco difícilmente regresarán como estaban. Por ejemplo, Danone Benegastro, que alega, con su nombre bene-gastro, que te produce un beneficio al sistema gástrico y habla de sensación de recubrir… bueno, hay un medicamento, Riopan, que ese sí recubre, pero si te tomas el benegastro y si luego tienes cáncer, después de ocho años de gastritis y reflujo constantes, creo que no es muy honesto de Danone. Y hay otro que dice ‘Cuídate más’, que no sé qué quieren decir. Me quiero imaginar que tiene menos sodio, menos grasa, pero si está igual que los demás, pues parece una advertencia, no más faltaría que le pusieran ‘No te comas esto, cuídate más’. O aquel al que le faltaba un 20% de peso, digo, es una buena forma de aumentar la producción, por cada cinco quesos ya sacas otro…

P. Las empresas se enfadaron.

R. En público declararon que era injusto, pero aquí, en esta mesa, fue otra cosa, eh. Todos reconocían haber sido notificados en tiempo y forma.

P. Usted declaró que había sido una medida histórica.

R. Porque se aplicaba por primera vez la Ley de Infraestructura de la Calidad, del pasado julio. Antes podíamos retirar un producto del mercado, prohibir la publicidad, pero el proceso era muy largo. Ahora, primero tomas la medida y luego sigues el proceso.

P. México está estrenando un nuevo etiquetado, esos sellos negros que avisan de exceso de sal, de sodio, de grasa. ¿Cree que el consumidor lo está entendiendo?

R. Son cinco polígonos [se refiere a la forma del sello que se estampa en los envases], yo creo que sí tenemos el nivel de educación para entenderlos, incluso sin saber leer ni escribir, que afortunadamente la mayor parte de la población sabe. El etiquetado anterior sí que es complicado, primero porque muchas veces no se cumple, como vimos con el queso, y segundo porque a veces tiene tantos ingredientes con letra pequeña que te acabas perdiendo. El actual es un sistema muy similar al de Chile, que ha resultado efectivo con una población de educación media hacia abajo.

P. ¿En qué trabajan ahora, el atún?

R. Lo trabajamos desde enero de 2019, descubrimos que la norma oficial permitía comerciar una lata de atún con un 99% de soya y encima le podías poner ‘delicioso atún completo’ o la palabra ‘atún’ ocupando media lata ¡y era soya! Ya no están en el mercado, alguna tenían hasta un 72% de soya, ridículo. Y luego no los podíamos sancionar porque la norma estaba hecha a medida de los industriales. Hicimos una nueva norma, que se ha publicado hace unas semanas. Ahora solo puede tener un 3% de soya y se indica si tiene aceite, agua.

P. Hablando de aceite. En el caso del de oliva, las mismas empresas tienen mayores exigencias en el etiquetado en Europa que en México, y siguen poniendo extra virgen.

R. Es que en México casi no se consume… Yo mismo empecé a mis 30 a tomarlo.

P. Pero se les tolera más que en Europa. ¿No temen que aquí no tenga el mismo nivel que les exigen allá?

R. Pudiera no tenerlo, pero aquí buscamos que cumpla con la norma mexicana, no la europea. Conforme madure el mercado esa norma cambiará.

P. La Profeco está a punto de publicar sobre el queso amarillo.

R. Sí, para que el consumidor distinga por qué una rebanada vale 80 centavos y otra 80 pesos. Una es 100% grasa vegetal , dos colorantes artificiales, tres saborizantes artificiales, un texturizante artificial… y está caro a 80 centavos. Y el otro 100% leche. Tendrás el derecho a comer el que quieras, va, pero que sepas que estás comprando.

P. ¿Habrá también retiradas del mercado?

R. Pues solo que no etiqueten bien, porque si le pones con letras muy grandes ‘Imitación queso amarillo’, pues no habrá problemas, pero si además es pura grasa vegetal, pues se va a ganar polígonos.

P. Y al gouda, el brie o el manchego que se venden en México ¿no habría que ponerles también Imitación de…?

R. La norma del queso en México es muy inmadura, está como la [anterior] del atún, estamos trabajando mucho y falta mucho aún. Hay irregularidades, pero la norma no tiene todavía el nivel de madurez y precisión para sancionar.

P. ¿En qué trabajan ahora?

R. En el café soluble. Por ahí suena que algunas marcas usan garbanzo tostado y cuando el río suena, agua lleva. Hemos hecho estudios que nos han costado tiempo y dinero y que no están acabados. Pero hasta ahorita es muy difícil probarlo, a lo mejor es que lo hacían y ya no lo hacen. Nos ha detenido el cierre de los laboratorios de la UNAM, que es donde podemos llegar a fondo en este tema porque la molécula está quemada y no es tan fácil rastrearla. Y a lo mejor ya comentándolo aquí, ponen sus barbas a remojar…

P. ¿Qué criterios usa la Profeco para poner su mirada sobre un producto?

R. El primer río que suena es la misma industria, sospechan del competidor y lo hacen circular. Y luego están las quejas de los consumidores, que son las menos. Y todos los días monitoreamos redes sociales.

P. ¿No sería deseable que los consumidores tuvieran más peso, más organización?

R. Que tuvieran más peso, definitivo. De eso se trata. La Profeco tiene como primer objetivo empoderar al consumidor, con información, y eso es lo que estamos haciendo.

P. ¿Y están empoderados?

R. Sí, se han ido empoderando, pero les falta.

P. ¿Cuánto?

R. ¿Comparado con quién?

P. Con su deseo.

R. Los deseos pueden irse al infinito y más allá. Creo que debe haber una referencia real hacia un país con un consumidor más empoderado y yo me compraría con el del norte. Cruzando el río Bravo el consumidor está más empoderado y yo aspiraría a lograr en cuatro años lo que ha conseguido Estados Unidos en los últimos 40. Es el referente claro y con quien tenemos el 90% del mercado.

P. ¿Cuántas denuncia recibe Profeco de consumidores al año?

R. Solo en el Buen Fin de 2019 se hicieron 30.000 asesorías telefónicas y 20.000 por Internet. Todas resolvieron un problema, por tanto no hubo necesidad de formalizar muchas quejas, menos de 300 quejas ese fin de semana.

P. ¿30.000 asesorías telefónicas en cuatro días? ¿Y cuántos telefonistas tienen?

R. Pues ahí están instalados, no es un cuento chino.

P. ¿Cuánta gente atiende esos teléfonos?

R. Más de un ciento. Y también atendemos llamadas en inglés.

P. Estas 30.000 llamadas…

R. Esos días trabajamos día y noche.

P. Y si eso ocurre en un fin de semana, ¿cuál es el objetivo de la Profeco al año?

R. El año anterior [2018], en el mismo fin de semana, fueron casi 1.000 las quejas y han bajado a menos de 300. Sin embargo, las asesorías subieron de 5.000 a 30.000 en número redondos. Mi objetivo es que haya cero quejas.

P. Pero en un país con 127 millones de personas, esas 300 quejas ¿no son más bien indicativo de lo contrario, de que no se reclama lo suficiente?

R. Si no hubiera asesorías le daría la razón, pero con las asesorías me da pena no dársela. Suben las asesorías y bajan las quejas, y eso en matemáticas a mí me enseñaron que tenía una correlación. Soy abogado, pero sé leer números.

P. ¿La covid-19 les ha dado trabajo?

R. Tanto con el gel como con los cubrebocas tenemos un operativo constante y retiramos del mercado todo aquel que no venga etiquetado. Al inicio de la pandemia nos fuimos hasta los ingenios cañeros, productores de alcohol, productores de gel, hicimos la trazabilidad del gel hasta la caña de azúcar, nos llevó un mes y medio.

P. ¿Cuántos kilos de gel han retirado?

R. Muy pocos lotes, el más cuantioso fue de 2.000 botellas, aquí en la Ciudad de México, y otros lotecillos de 20 o 50.

P. La Profeco ahora es autoridad fiscal. Sanciona y cobra las multas.

R. En enero se emitieron los nuevos reglamentos. Antes lo cobraba el SAT [Servicio de Administración Tributaria] y los Estados. Era un proceso muy lento, entre seis meses y año y medio. Ahora lo hacemos nosotros.

P. ¿Tienen gente capacitada para esa administración fiscal?

R. Fue mi primera tarea, elaborar los reglamentos y contratar al personal para capacitarlo, en un área que nunca ejerció la Profeco.

P. Muchas de las grandes empresas se van a tribunales y el cobro de las multas se retrasa.

P. Sí, hay un alto porcentaje, el 80%, y están en su derecho, litigan por años las multas. Agotan todas las instancias que la ley les permite. Nos falta por cobrar 1.000 millones pesos en número redondos.

P. ¿Y no pueden embargar sus cuentas?

P. Con las que ya están litigando, no, pero sí cuando se ha multado y no se ha pagado ni se ha recurrido. Hasta ahorita no he hecho uso de esas facultades.

P. ¿Lo hará?

R. Pues si hay la ocasión, claro. Ojalá nunca tengamos que recurrir a ello…

P. ¿Qué espera ver cumplido en el sexenio?

R. Que los consumidores se vean empoderados y tengan la información para hacerlo.

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