LA OTRA CARA CRUDA DEL 14 DE FEBRERO

“UN CATORCE DE FEBRERO SALVÓ MI MATRIMONIO”

Las calles se veían rojas como la sangre derramada por los culpables de nuestra libertad. Las flores abundan como en cualquier cuento mágico de proyecciones homosexuales; toda la gente camina con la sonrisa dibujada en sus bellos rostros.

Las parejas, con pensamientos eróticos, paseaban tomadas de la mano, dibujando corazones al besarse.

El enamoramiento se respiraba por cualquier lado al que volteaba.

Un perro huele el culo de otro, pensando equivocadamente que es hembra ?, Los palomos esponjados pasan alrededor de las palomas excitadas, listas pero arrogantes para la procreación.

Yo caminaba despacio y contagiado por este aroma exótico que me excitaba, llegué a mi dulce hogar y le hice el amor a mi hermosa esposa, tres veces.

Ella al principio no quería, pero después de dos puñetazos secos en la cara, accedió fácilmente. Lloraba y se retorcía, estoy seguro que de placer. Fueron los sesenta segundos más calientes de su vida.

Estoy seguro de eso porque no tuve que gritarle mucho para que me sirviera la cena. Bueno ya había cenado, pero quería echarle algo a mi firme panza.

Ya más noche intentó ponerse frígida, pero yo creo que seguía excitada, porque solo bastó una pequeña bofetada cálida para que me dejara acceder a sus adentros.

-No mames, Casiano…violaste a tu mujer, cabrón. -Claro que no. Sólo le hice el amor salvaje y excitantemente –respondí Después de un par de cervezas me convenció de que mis actos eróticos habían estado mal (para ella).

Así que al calor del 14 de Febrero y un par de putas, le compré unas florecillas, chocolates y un buen trío romántico, pa’ la serenata. Ella llorando, me abrazó y me besó. Entramos en la casa e hicimos el amor durante varios minutos…(es que me había echado unas pastillitas). Terminó sudadísima y cansadísima.

Creo que le gustaron las flores, porque se las restregó por su cuerpo desnudo. Se retorcía como puta, así que tuve que apaciguarla un poco. Yo no me casé con ella para coger así.

Para eso son las bellas mujeres de los burdeles baratos. Así fue como un 14 de febrero salvó mi matrimonio. Yo sé que no tuve la culpa, aunque mi compadre piense lo contrario.

Como siempre, ella me obligó a hacerlo. No soy el típico hombre que llega todos los días borracho a su casa y golpea a su mujer sin darle siquiera pa’l gasto. Yo, como hombre bragado, mantengo a mi familia.

Y como es debido, de vez en cuando le doy unos acicates a mi mujer para que entre en cintura, aunque después haya que regalarle flores, chocolates y demás pendejadas. Gracias catorce de Febrero.

Salvaste a mis hijos de un matrimonio infeliz y disfuncional.

“Casiano Pérez”

«Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.»

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